LOS NIÑOS Y EL DESCUADERNAMIENTO MORAL
Son muchos los temas difíciles
que los niños no digieren. Las noticias no están hechas para niños y, sea por
falta de tiempo o por descuido, padres y adultos no se las traducimos de una
manera pedagógica y menos traumática. Esto, bajo el entendido de que nunca se
les debe ocultar la realidad porque es peor. Es pertinaz el bombardeo noticioso
de violencias, guerras, atropellos sexuales, desastres naturales, injusticias y
corrupción, acto éste que hoy campea en Colombia.
Por ejemplo, en el caso del
grupo Nule (aunque hay muchos más), a los niños hay que explicarles claramente
qué fue lo que hicieron esos señores y por qué está mal. En especial, a quiénes
perjudican sus actos. Decirles cómo ellos mismos pueden palpar en la vida real
las consecuencias perniciosas de la corrupción que narran los medios y cuáles
son los daños que causa el robo o mal manejo de los recursos de todos los
colombianos.
Tampoco es fácil explicar las
violencias, pero éstas se manifiestan más evidentemente con imágenes de sangre,
llanto y destrucción que por sí solas muestran su improcedencia. Pero las
consecuencias nefastas de las corrupciones son menos evidentes y necesitan ser
explicadas a los niños, tanto para que comprendan de qué se tratan sus
escándalos como para que no las repliquen en sus pequeños círculos a su manera,
ni luego como adultos.
Cuando un niño transita por una
vía deteriorada, ve un escuela vetusta, pobreza, inundaciones, malos servicios
públicos, pocas oportunidades de recreación y cientos de falencias más en su
entorno, debe saber que gran parte de ello se debe a que el Estado no tiene
suficientes recursos porque la plata se la roban, no siempre unos forajidos
feos y con antifaz, sino personajes de buen vestir y hasta muy educados, que
incluso él puede haber visto en los medios y en la vida real con su disfraz de
bien.
Sencillo y duro. Pero es la
manera que los niños sepan por qué es malo apropiarse de lo ajeno y mucho más
si es público. Que sepan que muchos de los hermosos carros, de las lujosas
mansiones y de la vida ostentosa que observan en la TV, en las revistas y hasta
directamente en sus vecinos o compañeros no han sido fruto de trabajo honrado,
sino de vivezas, estafas, triquiñuelas y delitos. Que los dueños de esas cosas
no pueden ser sus ídolos.
Obvio que no deben formarse la
idea de que todo eso es fruto de corrupción, pero sí saber que muchas de esas
fortunas han sido obtenidas con trampa y a costa de miles de personas que
sufren por las carencias en los servicios de salud, educación e infraestructura
a cargo de un Estado débil por ese constante desangre corrupto. También, que en
últimas esos señores y sus familias por desgracia terminarán mal económica y
socialmente.
Así los niños pueden asimilar
positivamente el destape del descuadernamiento moral que hoy ven en Colombia,
para que sea una enseñanza y aprendan a dónde lleva la trampa en el juego, en
los exámenes y en su aún pequeña vida, y, por supuesto, para que no les quede
la imagen pétrea que este es un país sin remedio, de pícaros, donde es
imposible progresar sin corrupción. Eso lo práctico, pues lo profundo -lo
moral- es asunto obligado de más tiempo y elaboración.
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